POR EL TRINCHE CARLOVICH

Nadie sacaba de atrás el balón jugado como el. Los 5 mejores futbolistas que yo he visto fueron Romario, Zidane, Maradona, Messi y Dolmy.
(Mustapha El Biyaz, internacional marroquí)

 

Por más que he buscado, sigo sin saber porqué la competición se llama UEFA Europa League. Así, Europa, en castellano. Si es la “Champions” League o la “Youth” League, debiera ser “Europe” League, máxime cuando el “idioma universal” es el inglés. Algún motivo habrá para dicha nomenclatura, tal vez un guiño al país que más títulos ha logrado en la época que la competición pasó de llamarse “UEFA Cup” a “UEFA Europa League”, donde la tiranía del Sevilla es historia del fútbol. Pues con el apodo del jugador que hoy les presentamos, pasa igual. Abdelmajid Dolmy (o Dolmi), conocido por todos como “El Maestro” (así, en español), solo jugó en clubes marroquíes y la única vez que estuvo en España (al menos como futbolista) fue en un España – Marruecos disputado en Málaga en el 86.

Estamos, sencillamente, ante una persona tan rara como admirable. Tan sui generis como respetada. Tan particular como querida. Y es que en el inestable Marruecos de las décadas 70 y 80 (guerra con los saharahuis, revueltas populares con infinidad de muertos, pobreza extrema, etc), surge una figura como Dolmy a la que le gustan los deportes, el rock, vivir en su ciudad natal, la filosofía y el pasar desapercibido. Un hombre multicultural, deportista y librepensador. Un revolucionario insumiso que, gracias a sus reivindicaciones, logró que sus compañeros tuvieran mejores condiciones higiénicas y alimenticias en las concentraciones. Nacido en Casablanca en agosto del 53 se aficionó al fútbol jugando en los partidillos callejeros que organizaban los amigos de su hermano, hasta enrolarse al Raja Casablanca con el que debutó en 1970. A partir de ahí, estuvo 17 temporadas seguidas defendiendo sus colores, aun cuando tuvo ofertas para ir a otros clubes importantes. Tanto en lo deportivo como en lo espiritual, El Maestro siempre fue del Raja, conocido como “el equipo del pueblo” por su relación con las clases más débiles.

Dolmy reflejaba en el campo lo que era fuera de él. Jugaba de mediocentro por delante de la defensa desde donde organizaba todo el equipo con su sapiencia, inteligencia, sentido táctico y colocación. Serio, callado y metódico, usando la cabeza para pensar, disfrutaba dando un pase antes que marcando un gol. Futbolista de técnica depurada, raro era el partido en el que no deleitaba al personal con algún túnel jugada que, lejos de ser un desprecio, era un recurso más del juego, como el propio Dolmy solía decir. Si por algo destacaba, aparte de ser escuchado por los compañeros cada vez que El Maestro hablaba, era por su nobleza dentro del terreno de juego; a pesar de ser el futbolista sobre el que pivotaba el equipo, jamás fue expulsado en los aproximadamente 700 partidos oficiales que disputó en su carrera.

Sin lugar a dudas resulta curioso ver a un marroquí de la época, en las antípodas de la cerrazón, con el peinado de Jimi Hendrix, “representante sindical” de los jugadores y leyendo libros en las concentraciones, empapándose del multiculturalismo cada vez que visitaba un país distinto. Fue un amante del deporte en su concepción más pura, como lo demuestran muchos de sus episodios vitales. Valga la siguiente anécdota como ejemplo. Con la Selección de Marruecos disputó los JJOO de Los Ángeles 1984, aprovechando cualquier momento de asueto para escaparse al Estadio Olímpico y disfrutar así de primera mano del deporte por excelencia: el atletismo. No iba a dejar escapar la oportunidad que la vida le había dado de ver en directo a mitos como Carl Lewis o Daley Thompson. Como un aficionado más, vibró con Nawal El Moutawakel, primera atleta marroquí (y africana) en ganar un oro olímpico (400 vallas)

Una curiosidad es que nunca daba entrevistas y las escasísimas que hay son de hace pocos años, mucho tiempo después de retirarse. Pero no lo hacía por su mala relación con la prensa, con los que siempre tuvo respeto mutuo, sino porque en su humildad extrema estimaba que no tenía nada importante que decir lo que casaba perfectamente con su interés por pasar desapercibido siempre.

Sus estadísticas de partidos disputados son tremendas. Según distintas informaciones, jugó 140 encuentros con la selección de Marruecos, aunque los datos no están del todo claros. Con seguridad y solo contando partidos oficiales, fueron 60 las ocasiones que se enfundó la camiseta nacional (solo un gol, ante Grecia en los Juegos del Mediterráneo del 79), lo cual resulta en todo caso un número altísimo, teniendo en cuenta que hablamos de una selección que no suele llegar a rondas finales de los torneos. Su mayor éxito y cuando se descubrió ante el mundo deriva del Mundial de México 86 donde a sus 33 años capitaneó a la primera selección africana de la historia en clasificarse para octavos y nada menos que como primeros de grupo, por delante de Inglaterra y Portugal. En el cruce fueron eliminados por la posteriormente finalista Alemania, donde el equipazo que formaban Matthäus, Völler o Rummenigge sudó sangre para derrotarlos por un exiguo 1-0. Para L’Equipe, fue el mejor jugador de Marruecos.

A la vuelta del Mundial, y tras 17 años en el Raja, firmó por el CLAS Casablanca donde estuvo tres temporadas. Volvió al Raja un último año donde se retiró en 1991 para ser asesor técnico, puesto que desarrollo el resto de sus días. No tardó la UNESCO en homenajearlo, otorgándole el Premio Fair Play en una ceremonia que tuvo lugar en octubre de 1992. Uno de los muchos trofeos que jalonaron su vida

Abdelmajid Dolmy ha fallecido este verano de un infarto en su Casablanca natal, lo cual ha supuesto un shock en su país que ve como el Maestro los abandona con solo 64 años. Aquí podemos verlo jugar.

Honor y gloria a este adelantado de su tiempo.

@ElTrincheCarlov

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