POR EL TRINCHE CARLOVICH

Péguenle a todo lo que se mueva. Si es a la pelota, mejor

Nereo Rocco, mítico entrenador del AC Milan e inventor del Catenaccio.

 

Afortunadamente, en la actualidad el racismo es una anormalidad en el fútbol. La apertura de mente de todo lo que rodea a nuestro tiempo, unido a la multiculturalidad existente en el globalizado mundo del fútbol, ha propiciado que dicha lacra quede como algo tan execrable como residual, aunque no hace tanto los episodios eran frecuentes. Al revés sucede con la llamada prensa rosa y su interés por la vida de los deportistas más allá del desarrollo de su ámbito profesional, donde hoy día si es algo más cotidiano, pero hace medio siglo no se daba de forma habitual. Pues bien: hace 50 años, un brasileño negro que se fue a jugar al Milan metió todas estas circunstancias en su particular coctelera, para dar paso a una vida apasionante donde su fútbol de samba se tuvo que “enfrentar” al entrenador que inventó el catenaccio, a un suegro rico y noble que no lo quería como yerno y a una prensa que adoró aquel morbo. Quien sabe si todo ello influyó en el hecho de que un proyecto de crack apellidado Germano no tuviese el éxito que sus botas apuntaban a principios de los 60.

José Germano de Sales nació en una pobre comunidad negra llamada Conselheiro Pena del Estado de Minas Gerais, en marzo del 42. Del humilde Gavea pasó junto a su hermano Fio Maravilha a las inferiores de Flamengo, debutando en el primer equipo en un amistoso contra River a los 17 años y jugando su primer partido oficial en octubre de 1960. Su fulgurante explosión lo llevó de inmediato a la Canarinha, disputando los Panamericanos del 59 y las clasificatorias para los JJOO de Roma 1960. De características parecidas a Canhoteiro rápidamente se hizo un indiscutible en el flanco izquierdo de la delantera del Fla donde completó 87 partidos hasta 1962, estando en todas las quinielas para acudir al Mundial de Chile. Su “problema” es que la zona que se desenvolvía no estaba muy mal cubierta que digamos: Pelé y Zagallo. Aquel ataque demoledor se completaba con otros genios como Vavá o Garrincha, por lo que el joven Germano finalmente no formaría parte del plantel que se proclamaría campeón del mundo en tierras andinas.

Sin embargo, su fútbol refrescante no pasó desapercibido para uno de los equipos más importantes de Europa. Nada menos que el todopoderoso Milan contrató al veinteañero Germano por recomendación de Sani y Altafini, dos italobrasileños que conocían bien todo lo que el eléctrico jugador podía dar. No obstante, su paso del cálido Brasil al frío Milán fue complicado; el hecho de ser el primer jugador de raza negra en disputar el Calcio le trajo varios problemas. Nereo Rocco, entrenador de la vieja escuela italiana (la cita que encabeza el post lo demuestra) no era muy amante del preciosista fútbol de aquel muchacho al que llamaba “Bongo-Bongo”, por lo que, aunque en esa temporada empezó jugando y marcando goles, fue de mas a menos para terminar en la grada casi siempre. No obstante curiosamente se puede decir que Germano es Campeón de Europa con todas las de la ley, ya que jugó un partido de la actual Champions que la 62-63 se llevaron los rossoneri tras batir 2-1 (ambos de Altafini) al Benfica de Eusebio en Wembley. Efectivamente Germano jugó (y marcó 1 gol) ante el campeón de Luxemburgo en la Ronda Previa por lo que una Copa de Europa adorna su palmarés.

Su participación residual en el Milan propician que sea cedido al Génova donde culmina una temporada discreta al comparecer en solo 12 partidos, volviendo al Milán al siguiente verano para empezar de forma nefasta el año ya que un grave accidente de coche lo tuvo unos meses sin poder entrenar. Esa temporada queda prácticamente inédito por lo que retorna a Brasil, para enrolarse en el Palmeiras en 1965. Pero ¿Por qué jugó tampoco? ¿Sólo influyó su mala adaptación, los problemas con los entrenadores, el accidente o quizás hubo algo mas?

Mientras se terminaba de construir la famosa ciudad deportiva de Millanelo, a principios de los 60 el Milan se ejercitaba en unos campos de entrenamiento colindantes a una ilustre zona donde la jet-set italiana practicaba la equitación. Allí, José conoció a Giovanna Augusta, una joven condesa hija de Domenico, millonario aristócrata italiano (realmente no se sabe si era Conde de verdad) que había prosperado en los negocios aeronáuticos y que desaprobaba totalmente la relación entre el exótico futbolista y su preciosa hija. Sin entrar en muchos detalles que jamás se sabrán a ciencia cierta, muchos apuntan a que el conservadurismo de la Italia de la época, unido al enorme poder del Conde Domenico, influyeron en el hecho, primero de que Germano jugase poco y, segundo, en su vuelta a Brasil.

En Palmeiras culmina una gran temporada, siendo campeón del Paulista 66 y volviendo a la Selección brasileña (marca un gol en un rarísimo partido con intrahistoria en el que el Brasil-Palmeiras gana 3-0 a Uruguay). Pero José, aunque estaba con su gente y disfrutando del fútbol, no podía dejar de pensar en aquello que más quería: su amada con la que pergeñó un plan; tenía que volver a Europa, pero no podía hacerlo a Italia donde el Conde Doménico tenía largos tentáculos por lo que decidió recalar en la liga belga, concretamente en el mítico Standard. Así, al aterrizar en Lieja, lo esperaba su querida para, casi a escondidas, alojarse en una pensión. La pareja quería casarse pero el Conde Domenico, furioso, no admitió el matrimonio por lo que la solución de la pareja fue una muy usada en aquellos tiempos: la Contessina se quedó embarazada lo que ponía a su padre en una situación sin salida. El 17 de junio del 67 se produjo el matrimonio, con gran parte de la prensa rosa dedicando reportajes a la increíble historia.

A partir de ahí la vida del futbolista no fue un camino de rosas. Con 26 años decide retirarse y con 28 la pareja se separa. José retornó a casa en 1970 para cuidar una granja en Conselheiro Pena (se dice que la pagó su ex-suegro para alejarlo del todo), donde se volvió a casar con una lugareña con la que tuvo otros dos hijos. La vida de la Contessina Augusta tampoco fue sencilla; parece ser que se casó en segundas nupcias con un empresario norteamericano que se vio envuelto en un escándalo financiero del que también se separó y que su tercer esposo fue un médico que se dedicó a curar a niños sin recursos.

El internacional brasileño y campeón de Europa con el Milán, José Germano de Sales, falleció de un repentino infarto a los 55 años mientras trabajaba en su granja.

(Fotos maisfutebol)

@EltrincheCarlov

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